Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia                                        

1)

Todos los 24 de marzo son especiales, pero el de este año tenía algo. Ese algo que, además de mis obligaciones estudiantiles, hizo que me levantara de un salto en la mañana y saliera a la calle. Porque no hay otra cosa que uno pueda hacer un 24 de marzo. 

El día era ideal. El cielo parecía pintado por un niño de 5 años por lo despejado que estaba. El viento, paralizado como si el tiempo hubiese hecho lo mismo. Hasta el sol que andaba a media máquina invitaba a salir. Era una jornada ideal por el clima natural y mucho más por el clima social. Y eso lo comprobé en los momentos previos a emprender mi camino hacia el centro de la ciudad, cuando salí al balcón de mi casa con mi taza de té. Se sentía en el ambiente esa energía invisible pero palpable que se hace presente cada año en esta fecha tan emblemática.

La bienvenida la tuve desde temprano. Recién me subía al subte en Congreso de Tucumán y ya estaba repleto de gente. La euforia era total. Cánticos clásicos volvían a saludar a mis oídos y algunos nuevos se presentaban. Por suerte pude viajar sentado la mayor parte del recorrido, hasta que tuve que dejarle mi asiento a una madre con sus dos hijas. Mientras a mi alrededor se libraba una guerra, yo miraba tranquilo las redes sociales en búsqueda de las noticias deportivas del día. Pero también el celular se encargaba de recordarme constantemente la fecha en la que estaba. 

Finalmente llegué a mi destino: estación Callao. Allí me reuní con Ramiro, Santino y Facundo, aunque este último nos abandonó para vivir la jornada junto a su novia. Era la hora de sumarse al campo de batalla.

Una de las cosas que más me gustan de los días de marcha es ver el paulatino incremento de gente en las calles. Los que quedamos nos dirigimos hacia Plaza de Mayo y con cada cuadra que nos acercábamos la marea se hacía cada vez más difícil de transitar. 

Cuando al fin llegamos, tuvimos que buscar un grupo social para poder realizar las entrevistas que nos habían encomendado hacer en Tea y Deportea. “Vayamos con el MST”, dije yo con la fe intacta de que la gente allí tendría innumerables historias para contar u opiniones interesantes que escuchar. Y así fue. 

Daián: Yo soy familiar de un detenido-desaparecido. Así que esta fecha está cargada de emociones. Salimos a la calle porque la gran mayoría del pueblo argentino sabe lo que fue la dictadura y sabe que no quiere volver a esa etapa oscura de nuestro país.

Osvaldo: El gobierno de Javier Milei me genera bronca porque está poniendo en duda un montón de derechos que habían sido aceptados durante los últimos años. Lo que tenemos enfrente es la barbarie. Pero tengo esperanza de que las cosas se van a revertir. Hay que tener fe en la clase obrera.

Tamara: El 24 de marzo de 1976 es uno de los días más trágicos de la historia argentina. Yo cuando fue el golpe tenía 10 años y mis padres estaban muy politizados en Trelew que es donde vivíamos. Tuve amigos que desaparecieron y padres de amigas que fueron detenidos. Lo vivimos en carne propia. No se podía tapar el Sol con un dedo. Cuando cayó el gobierno militar en 1983 fue una fiesta infernal que empezó luego de la guerra de Malvinas. Desde entonces se empezó a vivir un ambiente democrático de base.

Jorgelina: Yo soy docente del nivel primario y trato de transmitirle a mis alumnos que nunca dejen de estudiar la historia en profundidad y que sean críticos. Eso los va a llevar a sacar sus propias conclusiones y encontrarse con gente similar. Hoy marchamos porque consideramos que los derechos que en cierto momento fueron conquistados gracias al movimiento obrero y estudiantil están ahora en peligro. Estamos viviendo la deshumanización del trabajo y del valor de las personas.

Una vez realizadas todas las notas necesarias para nuestro trabajo, nos quedamos ahí con los chicos, en el medio de todo. La gente mayor lloraba de emoción y tristeza al mismo tiempo, mientras que los jóvenes flameaban las banderas con las caras de los desaparecidos. La música de Charly García se entremezclaba con el grito estruendoso de las miles y miles de personas que estábamos allí reclamando por memoria, verdad y justicia. Es allí, en ese mismo lugar y en ese mismo instante, donde uno toma real noción de lo que es el 24 de marzo en este país, de lo que representa y de lo que genera.

Finalmente, luego de casi 2 horas, pudimos desconcentrar y dirigirnos cada uno a nuestros hogares. Nuevamente fue la línea D la que me llevó a mi nuevo destino y llegué alrededor de las 7 de la tarde. Estaba fusilado. Las rodillas no me daban para más y me desplomé en mi cama para ponerle fin a unas intensas 8 horas desde lo físico y lo emocional.

Fue la primera vez que me tocó ejercer de periodista en un contexto tan relevante desde lo histórico y pesado en cuanto a la masividad del evento. Estar ahí, en vivo y en directo, viendo y escuchando a todas aquellas personas que realmente padecieron tantas atrocidades sucedidas hace exactamente 50 años, fue realmente una experiencia que no olvidaré jamás. No es mi primera marcha, ni será la última, pero la de este año tuvo ese algo.

2)

  1. “Réplica en escala” de Paula Tomassoni trata sobre el incremento progresivo del sentimiento de temor que sentía la sociedad argentina durante la última dictadura militar en Argentina. Cronológicamente el primer suceso marca el primer o uno de los primeros encuentros de la familia de la niña protagonista con el clima hostil que invadía el país en aquellos años. El hecho de que la principal preocupación del padre fuese una posible multa a su auto, deja entrever que todavía el terror no se había apoderado de la diaria del ciudadano corriente. La inconsciencia los había llevado a realizar una salida en familia un domingo por la tarde sin siquiera evaluar como una posibilidad real que se produjera un tiroteo en la vía pública. Luego, tres años más tarde, el miedo era latente en los personajes. Prueba de ello era la reacción resignada del padre al hablar del despido del tío de su trabajo por su ideología política emparentada con la del peronismo y el estado de alarma de la madre al prohibirle a su hija decir cualquier cosa relacionada a Perón y su partido. La persecución y el hostigamiento eran ya moneda corriente y cada vez se implementaban más medidas de fuerza por parte del gobierno, como el toque de queda que hace su aparición al final de la segunda parte del cuento. El último momento marca el estado final del proceso de censura de la dictadura: la autorrepresión. Tras tantos hechos traumáticos vividos, los personajes se entregan al temor y dejan que tome las decisiones por ellos. La protagonista y sus compañeras de patín estaban aterrorizadas a la hora de salir al desfile porque, si no lograban tener una actuación perfecta, las consecuencias podrían ser terribles. Por eso la preocupación final cuando Eugenia se sale de los estándares y no realiza el saludo al presidente. El cuento mantiene en vilo al lector por su peculiar formato, en el que los sucesos van desde el más reciente al más antiguo, y transmite una emoción especial al estar narrado desde la visión de una niña, lo que vuelve a la historia aún más desgarradora.

“Serenata” de Inés Garland habla sobre Serenata que es parte de una Unidad Básica en tiempos donde la intrusión militar en la vida de los argentinos comenzaba a recrudecer. El relato sigue la vida amorosa del joven desde la visión de una muchacha que también era parte de la militancia. Todo seguía un curso relativamente normal hasta que llega el punto de clímax sobre el final: Serenata cortó con Marga porque, a la hora de tener relaciones sexuales, ella le había pedido que la ate y el se rehusó porque es peronista. Este hecho, además de su impacto por su sorprendente tono humorístico, destaca que el peronismo siempre fue el partido político que luchó contra la opresión y la censura en tiempos de dictadura, ideales que han seguido sus partidarios en todo tipo de contextos.

“El ahorcado” de Mariana Enríquez nuevamente le muestra a los lectores el horror de los años de dictadura a través de los ojos de una niña que transita dos etapas en ese tiempo. En un principio, parece estar hundida en una profunda depresión. Desarrolla una conciencia inusitada en alguien de su edad sobre la situación social de aquel entonces, lo cual hace que viva en un constante estado de temor por lo que le podría suceder a ella y su familia. Teme que su padre y su madre no vuelvan nunca del trabajo y desaparezcan como las familias que vivían sobre la autopista 25 de Mayo. Toda esta situación la afectaba física y psicológicamente, al punto que ningún especialista podía ayudarla. Pero hubo un quiebre en su vida. Un día, mientras se dirigía a una nueva sesión con su psicóloga, vio a un hombre ahorcado en una de las casas que habían quedado cortadas por la construcción de la ya mencionada autopista y, cuando creía que había sido un simple error óptico suyo, escuchó a una amiga de su madre contar que un bombero había pasado por la misma experiencia en la misma casa. Ese hecho tocó una fibra íntima de la niña, quien movida por la incertidumbre dejó atrás sus espeluznantes juegos sobre la muerte y comenzó a socializar más con la gente para contar aquella historia que la marcó. Desde entonces, pasó parte de su vida recorriendo las calles del barrio de Caballito en busca de ese hombre que había preferido ahorcarse antes de ceder su hogar para dar vía libre a la construcción de un centro clandestino de detención. En otras palabras, aunque no lo conocía, a la protagonista la impulsó la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

3)

  1. Ricardo Piglia cree que la vida de una persona se podría narrar según una consecución de situaciones vividas a lo largo del tiempo. Su objetivo era realizar una “radiografía de su espíritu” creada a partir de “pequeños incidentes” que repetidos crean la ilusión de una vida. Pero para ello debía seguir una línea de hechos y encontrar el origen de la misma. Así es como detectó que mediante la literatura podía reconstruir ese camino para volcarlo en una autobiografía, no sin antes realizar una distinción: no se enfocaría en los libros que había escrito, sino en los que al leerlos lo marcaron de tal manera que puede recordar con nitidez la situación y el momento en que los estaba leyendo. Cada lectura trae consigo una emoción, un momento, que queda fijado en la memoria de una persona para siempre. Por ejemplo, Osvaldo Soriano remarca la figura de los gatos, la cual le fue presentada por primera vez por un libro de Raymond Chandler y que desde entonces lo seguiría en innumerables sucesos de su trayectoria como escritor, o Vlady Kociancich que admite que gracias a la literatura pudo mantenerse cuerda en un momento tan difícil de su vida, por medio de viajes imaginarios estimulados por la lectura. Un libro puede actuar de máquina en el tiempo y ser la guía de una persona a lo largo del recorrido de su vida.

  1. 4)

    1. Me llamo Gael Craig. Tengo 19 años. Vivo en un departamento en el barrio de Belgrano junto a mi padre llamado Patricio, mi madre llamada Paola y mi hermana menor llamada Abril. Nací en la ciudad de Buenos Aires, donde viví la mayor parte de mi vida, salvo del 2008 al 2012 que estuve en San Diego, Estados Unidos, por cuestiones laborales de mis padres que son ambos bioquímicos. Lo que más me gusta hacer en la vida es compartir momentos con mi familia y mis amigos. Soy hincha de Boca Juniors y, además del fútbol que es mi deporte favorito, me gusta el tenis y el automovilismo. Además de la carrera de Comunicación Social, estoy estudiando para ser periodista deportivo en Tea y Deportea. 


    La literatura es una actividad con la que he tenido vaivenes a lo largo de mi vida. Desde que era chico me gustaba leer cuentos antes de irme a dormir e, incluso, me animaba a escribir mis propias historias. Lamentablemente con el paso del tiempo fui optando por inclinarme hacia otras actividades en mi tiempo libre y hoy en día casi no tengo incorporado el hábito de la lectura. Y digo lamentablemente porque sé reconocer el impacto positivo que pueden tener los libros en estos tiempos en donde el avance de la tecnología y las redes sociales parece indomable. Por suerte considero que no tengo grandes complicaciones a la hora de leer y escribir, en gran parte gracias a mi pasado en el Colegio Nacional de Buenos Aires y mi presente en Tea y Deportea. Mis géneros favoritos son la fantasía, la ciencia ficción y lo deportivo.


    Este cuatrimestre marca el inicio de mi paso por la facultad de la UBA y mi objetivo es que también sea el punto de partida para poder modificar varios de mis hábitos que van en sintonía con el deterioro intelectual de la época. En ese sentido, espero que el Taller de Escritura me estimule a reencontrarme con la lectura como actividad recurrente en mi vida y poder expandir mis conocimientos relacionados a la escritura para que me sirvan a la hora de ejercer como periodista en un futuro.

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